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miércoles, 19 de enero de 2011

Lolo

por: Javier Garay

Lolo perdió su voz, no la encuentra por ningún lado. Busca por aquí, por allá. La última vez que la escuchó le hablaba a romeo, su perro… Ellos hacen muchas cosas juntos, corren por todos lados, sacan la basura del bote, juegan con la comida, y esconden los zapatos de los papás de Lolo.



Lolo espera a que mamá lo lleve en las mañanas con Chuy, su abuela. Papá pasa por él en las tardes a casa de chuy. Al llegar a casa Lolo busca a romeo, porque romeo sí le responde –guaf, guaf, dice romeo. Cuando mamá y papá llegan a casa, se sientan frente a sus computadoras –así le llaman ellos-, y se olvidan todo.





Chuy sabe muchas cosas. Ella observa a Lolo, sabe cuando algo no está bien. Mira cómo Lolo busca por el aire su voz, toma una bolsa y sube una pequeña escalera que está en casa de Chuy -para estar más cerca del cielo, piensa Lolo-, pero no es suficiente.



Chuy se acerca a Lolo, le pide que se meta a la casa, porque pronto lloverá y con el caer de la lluvia su voz regresará. Lolo no entiende, pero espera dentro de la casa y observa las gotas a través de la ventana.


Cuando deja de llover. Chuy toma de la mano a Lolo, salen de casa. Observa bien –dice chuy-, aquí está un pedacito de cielo. Ten cuidado de no caer en él. Lolo mira el charco que la lluvia dejó, ahh –exclama Lolo- porque siente que va a caer al cielo. Ahí está tu voz Lolo –dice Chuy-, y papá y mamá también.


Mamá y papá llegan juntos y hablan con él, no llevan computadoras, y dicen que pasarán por romeo para dar un paseo. Lolo, ya no está triste.

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